El cuerpo intacto de Bernadette Soubirous

40 años después de su fallecimiento, el ataud de Bernadette fue abierto por primera vez. Lo que observaron lo médicos no puede ser todavía explicado por la ciencia.

Las apariciones presenciadas por Bernadette, una campesina humilde de solo 14 años, nacida en Lourdes (sur de Francia) en 1844, dieron origen, primero, al descubrimiento de un manantial al que se le atribuyen, a fecha de hoy, más de 70 curaciones inexplicables. Posteriormente, a la fundación de una pequeña capilla que derivó en lo que hoy en día es el Santuario de la Virgen de Lourdes.

Pero el caso que tratamos aquí se centrará en lo que sucedió después de su muerte.

Una vida marcada por la enfermedad

Poco después de las apariciones, Bernadette Soubirous se trasladó al convento de las Hermanas de la Caridad de Nevers con apenas 22 años, huyendo de la popularidad y buscando vivir en la mayor humildad y anonimato posible. Debido a su delicado estado de salud, y a la escasa esperanza de vida que se le pronosticaba, solo pudo hacer votos temporales. A partir de ese momento, y hasta el día de su muerte, en 1878 con solo 35 años, la tuberculosis ósea que padecía la tuvo prácticamente postrada en la cama de la enfermería. Sin embargo, las hermanas que estuvieron a su lado relataron que jamás perdió la sonrisa. Fue enterrada en el mismo noviciado de Nevers, a más de 600 km de Lourdes, lugar en el que todavía se encuentra su cuerpo.

La primera exhumación

En 1909, 30 años después de su fallecimiento, dos médicos abrieron su ataúd, esperando encontrar solo huesos y polvo. En lugar de eso presenciaron atónitos un cuerpo intacto, sin olor a putrefacción. Una piel blanca, unos dientes casi perfectos, las uñas conservadas. Su piel, pese a estar pegada a los músculos, conservaba su elasticidad. Las extremidades podían doblarse como si aún estuviese viva o acabase de fallecer.

Lo extraño del caso es que Bernadette había sido enterrada en una cripta húmeda que debía haber acelerado la descomposición, o en su defecto, haber producido saponificación (convertir los tejidos en una especie de grasa jabonosa). Tampoco su cuerpo había sufrido ningún tipo de embalsamamiento, como quedó certificado en sucesivas autopsias.

En 1919 se realizó una segunda exhumación, con ocasión de su proceso de beatificación. El cuerpo seguía sin presentar señales de putrefacción. Únicamente la piel aparecía un poco más oscura, debido a la contacto con el aire.

En 1925 se produjo una última exhumación. Esta vez se extrajeron algunos de sus órganos para emplearlos como reliquias, en un proceso que hoy en día sería cuestionable. El Dr. Talón, encargado del proceso, relataría que el hígado, que debería ser el primer órgano en licuarse, tras 46 años parecía poseer una consistencia elástica y normal.

Una fina máscara de cera

Actualmente el cuerpo de Bernadette se encuentra dentro de una urna de cristal en el convento de Saint-Gilard de Nevers. Debido al oscurecimiento de la piel y presentar los ojos levemente hundidos, se le aplicó en el rostro y las manos una finísima máscara de cera, basándose en la complexión real del cuerpo. Bajo esta capa, los tejidos siguen estando ahí, intactos, siglo y medio después de su fallecimiento.

Posibles explicaciones

Los científicos hablan de un proceso de saponificación, en el que las grasas del cuerpo, en ambiente muy húmedo y con poco oxigeno, se hidrolizan. Al estar en un ataúd de zinc, dentro de otro de roble, la putrefacción por proliferación bacteriana se podría haber amortiguado. El cuerpo se podría haber deshidratado antes de ser destruido por las bacterias, adoptando un aspecto parecido al cuero. Se argumenta, además, que no se conoce el aspecto real del cuerpo, al estar cubierto bajo una máscara de cera.

Lo que la ciencia no puede explicar

En los cuerpos momificados o saponificados, los órganos internos suelen licuarse, o secarse. El hígado mantenía una elasticidad normal medio siglo después del fallecimiento. Por otro lado, la flexibilidad de las articulaciones no puede explicarse por ninguna de las causas más arriba expuestas. Todo el proceso de exhumación y autopsia fue documentado en actas notariales y a través de certificados médicos. El reloj biológico parece haberse detenido en el cuerpo de Bernadette.

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